jueves, 30 de noviembre de 2017

Biografía

Hoy es uno de esos días tristes en los que una escribe cosas tristes, aunque sea feliz, porque mira por la ventana y el cielo está entre añil y gris, y el humo de las primeras chimeneas se confunde con las nubes y parece que vaya a llover, pero no llueve, aunque la humedad envuelva la calle y la casa, y no se sepa dónde hace más frío: si fuera o dentro, entre los huesos y todas esas posibilidades que la vida dejó colgadas a un roce de los dedos.
Parece que va a llover, pero no.
Y esa frase también parece encerrar dentro de sus palabras toda una biografía.
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Suena: Remember me (OST).

Desde mi ventana: cualquiera diría que va a llover y, ya ves, cualquiera se equivocaría.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Riada

Como aquel asno torpe que muere de inanición estando a una misma distancia de idénticos montones de heno, incapaz de decantarse por uno, así miraba yo a mi pasado y a mi futuro: triste y hambrienta. Uno, recorrido, y otro, promesa, no dejaban de ser riada, lluvia torrencial tardía, y este campo mío, este pobre erial, se desbordaba y yo, impasible, lo miraba. Posaba mis ojos sobre esta tierra igual que si fuera patria ajena, desconocida, pero carente de toda curiosidad o sorpresa. ¿Qué van a contarme estas venas sobre la sangre que llevan, si fue su murmullo el que propagó esta soledad, esta hambre, esta tristeza? ¿Qué sabrán unas lágrimas de todo un mar? Y late el corazón y se seca la boca, y hay preguntas que se quedan sin respuesta.
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Suena: un bolígrafo rasgando el papel, alguien que pasa unos folios y estas teclas que no paran.
Desde mi ventana: esta ventana, traslúcida, hace rato que ya no deja entrar ningún rayo de sol furtivo. En la biblioteca, a estas horas en las que escribo, todo son sillas vacías y me ronda el pensamiento aquel verso de Luis y supongo que, pese a tanta soledad, estoy rodeada de poemas.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Conversaciones con la Musa.

 Maldita Musa, que vuelves y me llenas el pecho de palabras y te me atraviesas en las cuerdas vocales, y yo me pregunto si es que quieres hacerte un lazo en el pelo, vendarte los ojos o colgarte de mi boca y quedarte así, suspendida en mi garganta. Maldita seas tú y tu estampa, que dejas que me nazcan flores en las entrañas, que se recubran con pétalos estos órganos, pero mis labios siguen sellados. Ni contar la historia me dejas.
  Siento que me van a subir las letras hasta las pupilas, -me ahogo, Musa, ¿no te doy lástima?- y se van a acomodar en el prado de mis ojos y al menor descuido van a barrerlas mis pestañas y cómo las recupero si no puedo nombrarlas, si no puedo pedir auxilio ni correr a salvarlas.
Dime, Musa, háblame tú que no me tienes recorriéndote la sangre y acelerándote el pulso para nada. Explícame, Musa, por qué me das la inspiración y me robas los trazos, y se queda mi libreta tan triste y emborronada que parece cada tachón una ristra de lágrimas…

  Te escucho reírte mientras mi gata duerme.
  Te acercas altiva, me pides que me las gane, que me haga digna de nuevo de mis propias palabras y arrastras las sílabas como si fueran comienzo y no final, como un tambor de batalla. Y esta música -estos acordes tan desafinados- ya la hemos bailado antes, y tantas veces perdí el ritmo que comprendo que no me tiendas tu mano ahora, que te burles y busques el modo en que mis pies tropiezan antes del primer compás.

  Qué mal se nos da esta pista de baile que serpentea los límites de la verdad y la ficción, y cómo se nota, Musa mía, que el vicio siempre es más vicio en las manos de otro que en las mías cuando nos escribo.
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Suena: Sueños lentos, aviones veloces, IZAL.
Desde mi ventana: es de noche y el frío ha entrado ya, pero la Musa sonríe satisfecha desde el reflejo del cristal.

jueves, 12 de octubre de 2017

Crecer también era esto.

Ya no preguntan por mí en los bares y aquellos que cierro ahora lo hago casi por descuido. Tampoco cuento las copas a partir de la tercera o la cuarta, ni enarbolo a Schopenhauer cuando duele y a Sabina cuando quiero que duela. Podría decirse que he madurado, que me he reformado, que ya no hay rincones que huelan a tabaco ni a colonia de caballero. Por no haber, no hay folios, ni palabras en ellos, que a quienes eran humo y aroma se deban. Te diría una última vez, una última vez como siempre por estas fechas, que no sabes lo que me alegra tenerte tan lejos. Y aun siendo sincera, no sé a quién le estaría hablando: si al que fue el amor de mi vida o a quien ya peina canas.
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Suena: Recuerdo, Ismael Serrano.
Desde mi ventana: la oscuridad de una de esas noches en las que, sin saber cómo, hemos cerrado los bares. A veces pienso que, como en la canción, preguntaré y...


jueves, 21 de septiembre de 2017

Poema para el septiembre número cuatro

Como cada septiembre, 
me nacen las palabras de las yemas.


Hoy que septiembre ya sabe casi a otoño,
que refrescan las noches,
y oscurecen antes los días.

Hoy que el verano suspira casi ausente,
que se balancean las hojas,
y emprenden su vuelo las aves.

Hoy que esta ciudad,
mi ciudad,
ya no es la tuya,
aunque nunca deje de serlo.

Hoy,
sí, también hoy,
estos dedos escriben,
me vacían y te extrañan.
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Suena: Melancholy Mood, Bob Dylan.
Desde mi ventana: hoy las ventanas son translúcidas. La silla junto a mí, la que ocupabas y desde la que me mirabas de reojo y yo sonreía, esa silla está ahora vacía.

jueves, 13 de julio de 2017

¿Por qué tendrás que crecer?

¿Por qué tendrán que crecer los niños a los que cuidamos? Esos mismos que venían corriendo torpemente y se abrazaban a nuestras piernas y nuestro torso; los mismos a los que agarrábamos la mano para cruzar los pasos de cebra y saltarnos los semáforos en rojo. Esos niños que ahora se muestran esquivos con las caricias porque han crecido y parecen no necesitar ya nuestros cuidados, que nuestros besos y consejos son recibidos con cierta pesadez; pero lo entiendes y aunque lo entiendes, no deja de ser un dolor punzante que sólo experimentas con y por ellos. ¿Por qué tendrán que crecer?
¿Por qué tendrás que crecer? Me pregunto mientras te miro y te escucho hablar y pienso en todos los dragones que no te pude matar, en esas batallas encarnizadas del día a día, en el camino que antes que tú he transitado por algo tan tonto como haber nacido primero. Tú me cuentas cómo de feroces son sus fauces, cuánto de ese fuego alcanzó tu cuerpo, cómo vas a luchar esta vez y brindamos por eso. Pero también te ríes de ti, de las cosas de la vida, de nosotros, y tu risa repara los años que van pasando. Y entonces me hablas de tus planes, de los tesoros escondidos que esta vez vas a buscar sin mí, y es que no podría ser de otra manera: al fin y al cabo, estos mapas ya son sólo tuyos. Tal vez, pueda darte alguna pista, algún empujón, proveerte de víveres para la larga travesía y aguardar paciente tu regreso y las historias de aquello que encontraste por el camino. Suspiro y tú me preguntas si estoy cansada, niego y pedimos otra ronda. ¿Por qué tendrás que crecer?
Sin embargo, también te miro y me siento orgullosa del hombre en el que te has convertido, en el que te estás convirtiendo, en el que ninguno conocemos aún, pero que empieza a asomar y nos gusta, aunque a veces nos saque de quicio a los dos. Me dan ganas de abrazarte y no soltarte nunca, volver a construir fuertes con los cojines, con las mantas o las toallas, volver a jugar dentro de las cajas de cartón o con la pelota. Retornar a los días eternos de la infancia cuando ansiábamos ser mayores. Y ahora mírame, preguntándome una y otra vez por qué demonios tendrás que crecer tanto y, sobre todo, tan rápido.
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Suena: I’ll stand by you, The Pretenders.
Desde mi ventana: tengo la mosquitera bajada y, a través del cristal, el paisaje de siempre se dibuja en cada uno de los pequeños cuadraditos de la tela metálica. Como es por la tarde y hace calor, una luz fuerte lo envuelve todo.

jueves, 29 de junio de 2017

Molinillo de viento.

Qué difícil habrá sido, amor mío, dejar desnudas las estanterías, los cajones y los armarios; qué ajenas y extrañas se habrán vuelto las paredes y las habitaciones. Como despojado un cuerpo de su carne, así de esquelético se habrá quedado el piso, convertido ahora sólo en mármol y muebles, un sofá, un televisor, un balcón cerrado al que ya nunca más nos asomaremos. Pensé tantas veces en fotografiar aquellas vistas y ninguna lo llevé a cabo... Y aquel molinillo de colores en el edificio de enfrente seguirá girando, aunque no sea yo quien se detenga y lo observe y se deleite y vuelva a los jardines de la infancia. Qué difícil, amor mío, vivir en una constante despedida, este arrojo sin piedad a la cuenta atrás; otra vez, otro junio más. Quizá por eso he deshecho las bolsas donde ayer vacié mis rincones: el primer cajón de la mesilla, un par de calcetines del segundo, algo de ropa en la silla, un par de perchas en el armario, el hueco en el aparador del salón, la manta que arropaba nuestras siestas, el secador del cuarto de baño, los tés en la cocina y el infusor que olvidé y reposa y me espera entre tus cosas. Ahora mi cuarto huele a limpio y todos esos objetos pródigos han encontrado de nuevo un lugar en esta casa; hay quién dirá que han vuelto a su sitio y qué equivocación… Dime tú, amor mío, qué hago yo con dos cepillos para el pelo o dos barras de labios moradas del número 42.
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­­­­­­­­­­Suena: la ventana abierta, algún trino distraído, el rumor de agua.
Desde mi ventana: el cielo está azul y no hay nube que cosa jirones a su estampa. Por fin este calor nos da algo de tregua y sopla el viento, el aire fresco, y en frente de aquella que fue nuestra ventana seguro que el molinillo sigue girando como si nada.

jueves, 18 de mayo de 2017

Con la dulzura de una nostalgia cogida a tiempo

-¿Te acuerdas -me dirás pausada- de cuando teníamos que correr a buscar en los libros las frases subrayadas, los poemas marcados, las palabras a lápiz y las esquinas dobladas para saber quiénes éramos?
Te escucharé y sonreiré con la dulzura de una nostalgia cogida a tiempo, como cae la tarde cuando nada se espera y todo duele y todo se recuerda. Probablemente me mire las yemas de estos dedos tan acostumbrados a cortarse al pasar las páginas, tan apegados a la herida breve que no se sabe cuándo, pero que, al final, siempre cicatriza. Tamborilearán disimulando sobre una taza de té o un botellín de cerveza. Y cuando la lengua me roce el paladar y la palabra vaya a posarse en mis labios, los tuyos -siempre tan rápidos y tan envenenados- dibujarán un mohín justo antes de callarme para decir:
-Pues esas frases, los poemas marcados, las palabras a lápiz y aquellas esquinas dobladas ya no nos cuentan. Hemos dejado de ser sus historias y no sé si me quedan fuerzas para crear otras nuevas.
Te miraré con el pecho partido en dos, regado puede que en teína o puede que en alcohol.
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Suena: el tic-tac del reloj, el trino de los pájaros, algunos coches y estas teclas que se arrastran lentas.
Desde mi ventana: el cielo está azul y no hay rastro de nieve en la Sierra.

lunes, 8 de mayo de 2017

Reseña de "Mi propia ingravidez" en la Revista Literaria "Cruz de Piedra"

¡Empezamos bien la semana! Os comparto una nueva reseña de Mi propia ingravidez, recogida en la sección "Seis libros: seis razones para leer" de la Revista Literaria Cruz de Piedra, nº 48 (Enero 2017). Dice así:

"Con Mi propia ingravidez, Isabel Motos nos invita a mirar por nuestras ventanas a lo largo de cuarenta y siete deliciosos relatos. Desde la suya, Isabel describe el paso del tiempo en esa conocida dualidad estacional y vivencial. Sus escritos, estructurados en secciones de títulos muy sugerentes -como "El paso de los días" o "Las ausencias y el deseo"-, son una ocasión constante para la reconciliación de la autora con sus palabras; palabras indisciplinadas que a veces huyen y necesita del amor -otro tema fundamental- para hacerlas regresar. Rodolfo Serrano lo prologa y dice que es todo él un ramillete de nostalgia [...] capaz de traernos en cada una de sus estampas el aliento perfumado de una adolescencia siempre habitda. [...] De cuidada y trabajada escritura. Trabajada como se trabaja el amor, con la tibia caricia de las manos y el corazón. Dedicado a sus padres, que le enseñaron a leer y llenaron su cabeza de libros y pájaros, Mi propia ingravidez es un bello homenaje a la palabra escrita y leída.


jueves, 27 de abril de 2017





Huele a tierra mojada y parece que este abril no se decide a romper, a romperse de verdad, a ser furia y tormenta y a llevarse por delante todas las alergias. 

Huele a tierra mojada y abril ensucia los cristales y emborrona los folios en blanco mientras se escapa de mis manos con cada acorde de Sabina; tan tópico como preciso. 
Cuánto abril se ha instalado en nuestros huesos y cuántas lágrimas, a falta de lluvia, vamos a necesitar para sacárnoslo de encima.

domingo, 23 de abril de 2017

¡Feliz Día del Libro!

¡Feliz Día del Libro, ingrávidos! 
Mi regalo hoy no es ni una rosa ni un libro, sino ¡un vídeo! Aquí os dejo "Página par, página impar", texto incluído en el libro "Mi propia ingravidez". En esta ocasión me acompañan las geniales manos de la pianista Maria Garcia Navarrete. ¡Mil gracias, bonita! 
Espero que os guste. La edición se puede mejorar, pero a todo se aprende en esta vida. 
Un abrazo, libros y rosas para todos. 

¡Nos vemos el sábado en la Feria del Libro de Granada! Ya sé que lo sabéis y que soy una pesada, pero es mi primera feria y estoy muy emocionada (¡toma pareado!). Estaré en la caseta de Esdrújula, la 38, firmando de 20.30 a 22.00.

jueves, 20 de abril de 2017

Tequila desgarrado

Este cuerpo está en carne viva
y tú sólo echas sal y limón en sus heridas.
Ojalá fuera alcohol, ojalá un buen tequila,
y olvidara chupito a chupito por qué escuecen las entrañas y la vida.

Estos brazos que no abrazan por temor a si te asfixian,
estos oídos que ya no entienden el idioma en el que hablas.
Cuándo fue que comenzó esta lejanía de estar juntos sin rozarnos,
cuándo nació esta opresión en el pecho, este deseo de ocupar tan poco espacio.

Estos ojos a los que ya no miras por si te devuelven tu mirada fría,
o por si ya no me atrevo a bucear en tus aguas heladas.
Este cuerpo que se desgarra con tu indiferencia, y qué más da,
con la conciencia de quererte tanto y saber que incluso eso ha dejado de importar.
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Suena: Dos tequilas, Taburete.
Desde mi ventana: las calles de Granada ya huelen a libro.


⚠ Por cierto, estaré firmando en la Feria del Libro de Granada, el sábado 29. Tenéis toda la info aquí, ¿nos vemos? ツ

lunes, 17 de abril de 2017

Feria del Libro de Granada 2017




Esta tarde ya estaban montando la Feria del Libro de Granada, ¡uno de mis momentos favoritos del año!  
Y, ¿sabéis quién va a estar firmando el sábado 29 a las 20.30 en la caseta de Esdrújula Ediciones? Premio para todos, efectivamente, ¡yo! No os hacéis a la idea de las ganas que tengo, ¡tenéis toda la información en Agenda! ¿Nos vemos por allí?


martes, 28 de marzo de 2017
















Te cambio el punto final por un beso en los labios.



📌 Puedes leer el poema completo aquí.

jueves, 23 de marzo de 2017

Cuando duermo contigo

Amor mío, algunas tardes he aguantado despierta sólo por ver cómo el tiempo va y viene al ritmo de tus respiraciones y latidos. Y he visto también a la vida detenerse en ese breve intervalo entre el aire que se escapa por tus labios y aquel otro que después te llena los pulmones. Esa imagen ingrávida y tierna, tus labios entreabiertos y tus ojos cerrados, me ha dado tanta paz que donde antes había minas, ahora mi cuerpo ha hecho brotar margaritas, y no necesito deshojarlas porque duermes dentro de mi abrazo y las sábanas que guardan nuestra calidez son trinchera y refugio; no se me ocurre otro lugar del mundo en el que prefiriera estar. Cuánto me pesa, amor mío, deshacer el hechizo, aunque sean mis dedos mesando tu cabello o mis labios con complejo de mariposa sobre tus mejillas los encargados de romper el sortilegio, de devolverle al tiempo sus minutos y al mundo su frialdad. Quién pudiera detener sus manecillas las tardes que duermo contigo; esas tardes en las que tecleo despacio, casi en voz baja, y te miro.
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Suena: Dormido, Meritxell Naranjo.

Desde mi ventana: esta primavera que no termina de romper, el aire frío de la Sierra se cuela entre la ropa y la piel y a mí me faltas tú en estas sábanas.

martes, 21 de marzo de 2017

¡Feliz Día de la Poesía!

¡Feliz Día de la Poesía para todos! Llego por los pelos, pero entre el tamaño del vídeo y mi torpeza natural, no he podido subirlo hasta ahora. Celebremos el día de la poesía desconfiando del poeta. 
Os comparto el maravilloso momento en el que Rodolfo Serrano y yo leímos juntos "También el poeta es digno de desconfianza" en la presentación de Mi propia ingravidez en Madrid.


Espero que lo disfrutéis, queridos ingrávidos. Podéis ver otros de mis vídeos en mi canal de Youtube y en la pestaña de Vídeos.  

sábado, 11 de marzo de 2017




Alguno de mis vecinos pone todos los sábados la misma canción y por mi ventana se mezclan los compases con las voces infantiles que reclaman a sus abuelos. Entonces me los imagino bailando, agarrados de la mano y vencidos en el cuerpo del otro; los pienso con movimientos suaves y quedos, con la mirada baja y el beso en la frente y los labios. Y luego la impertinencia infantil que rompe el momento, que le tira a ella de la falda o a él de la camisa; y supongo que ellos acogen esa tiranía con la sonrisa dulce y cansada de quien sabe que el próximo sábado seguirán debiéndose un baile.

jueves, 2 de marzo de 2017

"Te miré y me faltó clavarme la uñas, abrirme el pecho, retirarme la carne y que te encontraras allí, cobijado en mis entrañas. Te miré para que entendieras que no habría vértigo ni caída de la que estos huesos no fueran a salvarte."
Fragmento de mi texto "Precipicios". Léelo entero pinchando aquí.

jueves, 23 de febrero de 2017

Esa voz tan apagada.

Algo que no termino de parir, pero que quiero compartir con vosotros:

"-¿Por qué tienes esa voz tan apagada? ¿Estás cansada o te pasa algo? -preguntó al otro lado del teléfono.
-No, nada. Sólo quería ponerme triste. Estoy escribiendo y mis personajes están mal y yo, sin embargo...
-¿Tú?
-Yo soy feliz. Pero sigo necesitando ciertas dosis de tristeza para escribir y para vivir. Y no sé cuál de los dos verbos me preocupa más.
-Claro que lo sabes -guardó silencio-. Escribir.
-No seas injusto.
-No lo soy. Siempre esperas que en el último momento venga algo o alguien y te salve, te remedie de la vida; pero de tus personajes, de tus palabras... de eso no te va a librar nadie.
-Ya."

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Suena: el recuerdo de aquella llamada.
Desde mi ventana: entonces era medio día, hacía sol y éramos tan jóvenes que mentir por teléfono resultaba sencillo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Amor en condicional

Y si fuéramos tan felices que no tuviéramos que dar explicaciones. Si la nuestra fuera esa felicidad de la gente corriente, la que levanta ampollas y murmullos en las vidas grises. Un lugar al que llamar hogar, el plato favorito sobre la mesa después de un día largo, pasear despacio y detenerse en los escaparates. Unos dedos ensortijando el pelo a la hora de dormir, un beso de buenas noches cuando los ojos no resisten más y tantos despertadores como sean necesarios para salir de la trinchera de las sábanas y los brazos. Un trabajo del que sentirse orgullosos, una cuenta conjunta, sobres a nombre de los dos que contengan algo más que facturas.
Y si fuéramos tan felices que no tuviéramos que dar explicaciones.
Y si fuéramos así de felices y nos volviéramos a encontrar.
Y si tú esbozaras la leve sonrisa del tiempo y la distancia, la corrección del amor lejano hecha curvatura; y si yo te mirase como si nunca hubieras dejado de ser el amor de mi vida y se me empañaran hasta las entrañas. Y si nuestras manos, culpables, se aferrasen a las que las sostuvieran y pasáramos sin más, como si nada. Como si de pronto necesitáramos explicarnos que esa felicidad era la felicidad que ansiábamos cuando estábamos juntos.
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Suena: City of Stars, Ryan Gosling (BSO La La Land).
Desde mi ventana: el té, la tarde y la conversación han ido cayendo letamente. Y qué preciosa está la Sierra con tanta nieve y con el cielo tan azul.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Te habría hecho una hoguera para que hasta mis sombras te danzasen.


"Te miré y entendí por qué los antiguos invocaban a los dioses, por qué les bailaban y por qué entregaban sus cuerpos a las danzas. Yo también te habría bailado, amor mío. Te habría invocado con este cuerpo, estos ojos, estas manos."

sábado, 4 de febrero de 2017

Las palabras saben cómo ser refugio y esta vez no hay pájaro que se coma el camino de regreso.
"A ti que te refugias en versos ajenos y llenas de ideas a lápiz las hojas de los libros de poesía, que las esquinas dobladas son las migas de pan que te traen de vuelta a casa".

domingo, 29 de enero de 2017

Y a vosotros, ¿cómo os miran?
Y vosotros, ¿cómo miráis?


"Me miras con la ternura de quien sabe que hay flores que crecen entre las piedras y con la duda del que compra una planta de interior para un piso demasiado luminoso".

jueves, 26 de enero de 2017

Veintiséis de enero

A ti que titubeas con el bolígrafo en las manos, que frunces el ceño cuando no encuentras la palabra precisa y que sonríes despacio si la escritura es lenta, pero segura. A ti que te refugias en versos ajenos y llenas de ideas a lápiz las hojas de los libros de poesía, que las esquinas dobladas son las migas de pan que te traen de vuelta a casa y sólo te faltan un té, una ventana y el ronroneo de la gata para que esas letras sean hogar. Y a ti que también has hecho tuyas las barras de algunos bares, las cervezas compartidas, las penas ahogadas y las risas que han devuelto al mundo su fortaleza después de haber sido fragilidad en tus manos. 
A ti que das saltos por las calles y abrazos en los que cabría toda esta ciudad que te ha visto crecer y aquellas otras en las que has crecido de golpe. A ti que tienes en tus ojos el verde de las tierras de Irlanda, pero que cuando lloras, lloras mediterránea. A ti que quieres tanto que te desbordas y no te importa, que has aprendido a mirarte al espejo y comerte a besos. A ti que te aferras al suelo y a tus tristezas, pero que te levantas guerrera porque después de un paso viene otro y de pronto ya hay camino, ya has hecho camino. A ti que te recuerdas pequeña en tu pupitre, sorprendida y eufórica porque tu número de lista coincidía con el día de tu cumpleaños. A ti que te alegran esas cosas sencillas de la vida y te hacen gracia los chistes malos y los juegos de palabras. A ti que te ocultas detrás de una segunda persona del singular y asomas la cabeza como quien juega al escondite y busca no ser descubierta o como quien espera entre bambalinas. A ti que bailas descalza en tu cuarto y subes el volumen de la música cuando estás contenta. A ti que firmas este texto, que te observas en pasado, pero te escribes para el futuro.
A ti, a mí, a nosotras que, sobre el escenario y detrás del papel, cumplimos años: felices sean nuestros veintiséis.
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Suena: Amazing Day, Coldplay.
Desde mi ventana: el día está frío, el cielo blanco. Ojalá nieve.

martes, 24 de enero de 2017

Y hay quien sigue esperándolas...


"Tengo una tristeza que de tanto gritar se ha vuelto afónica y, a base de silencios, ha descubierto que el peligro del susurro es el mismo que el de la escritura: siempre hay quien aguarda unas palabras que quizá nunca llegan".

jueves, 19 de enero de 2017

Entrevista para Kabundayaa

¡Hola, ingrávidos!
Os traigo esta entrevista que me han hecho para Kabudanyaa y en la que comparto mi experiencia como escritora. La idea es que pueda resultar útil y esclarecedora a quienes quieran dedicarse a la escritura. ¡Ojalá anime a aquellos que estén pensando en dar rienda suelta a su imaginación sobre el papel! Los que no, por supuesto, también sois bienvenidos. Ya me diréis qué os parece. ツ
Para leerla, podéis pinchar aquí.

jueves, 12 de enero de 2017

Cae la noche

 Cae la noche tenue primero y luego oscura, cae silenciosa y vacía después de haber visto más estrellas en tus ojos que en el firmamento. Cae esta noche por su propio peso, por el de toda esa luz que cobijas cuando te ríes, y qué bonita es esa risa cuando es sincera, y qué lejana se me antoja desde que ya no me esperas. Cae la noche y estos dedos, lentos y torpes, aporrean las letras y las teclas, y si la vida es una delgada línea, se empeñan en engrosarla con absurdas yuxtaposiciones o conjunciones copulativas, y te claman y te nombran y ya no me esperas.
  Cae esta noche a mis espaldas y la ciudad se viste de feria, titilan sus neones y la fluorescencia de sus farolas, y yo quisiera ser sombra que se oculta en sus fachadas o puerta entreabierta que golpea sin cesar, tal es mi insistencia. Cae la noche, bien lo sabes, y desde tu ventana te asomas a una calle desierta, te asomas despistado mientras hierve el agua o se hace la verdura a la plancha o te llevas a la boca cualquier cena.
  Cae la noche y el día por fin pasa y, con él, esta manía de pensarte también se acaba. Cae la noche y yo rendida tan lejos de tu cama. 
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Suena: el cascabel de Malena.
Desde mi ventana: cae la noche, como no podía ser de otra manera.

domingo, 8 de enero de 2017

      
   Y yo que odiaba los domingos, que eran días de guardar como guardan la tristeza las páginas dobladas de un libro, como guarda el alcohol la copa rota. Yo que los odiaba y los sentía como agujas sin hilo por mi cuerpo, como si me descosieran entera y todos mis órganos se desparramaran. Yo que los odiaba hace tantas vidas y aprendí a quererlos volviendo de noche en un coche vacío, sin más copiloto que las canciones de Ismael y la sensación de que las luces de la ciudad tenían algo de canto de sirena. Yo que aprendí a quererlos con el resentimiento del vencido, pero con la tregua que da la ausencia de guerra. Yo que te nombré tantas veces en domingo y fue en domingo que tus labios me dejaron dos mariposas durmiendo en las mejillas. Qué tendrá el final de la semana que siempre impregna de regusto nostálgico el paladar.

    Pero hoy es domingo, como el día que te fuiste. Y en la calle huele a humo y a leña y los domingos vuelven a ser hogar porque por fin regresas.

jueves, 5 de enero de 2017

"Suele suceder con las ausencias que el mundo no se detiene a llorarlas, pero estos ojos han sido embalse y pantano, torrente y río, porque estos ojos se deben a mi vida y no al mundo."

Tu puerta


Te diría que el otro día pasé por tu calle y me detuve unos instantes frente a tu puerta igual que el asesino regresa al lugar del crimen, aunque el cuerpo y la casa estén fríos, y encuentra cierto placer en ello. Fue un tiempo impreciso y escaso, como si una capa de casualidad pudiera revestir la premeditación de mis pasos, estos pies que piden a gritos que les sea devuelta su rutina y su camino. Fue un tiempo impreciso y escaso, de esos que no llaman la atención ni levantan sospechas entre los vecinos; ya sabes, pasaba por aquí. Me detuve frente a tu puerta y a mis dedos les quemaban las yemas y no encontraron el modo de apagar ese fuego. Podría haber tocado el timbre a sabiendas de que su eco resonaría por la escalera y ya está, que la puerta no se abriría; podría haber salido corriendo como los niños que buscan divertirse a costa de cualquiera. Sin embargo, no hice nada, sólo contemplaba la madera y el edificio desde la otra acera.
Te diría que las ventanas estaban cerradas y la persiana en su sitio, como si acaso ese hubiera sido el motivo de guiar hasta tu calle mis pasos: comprobar que todo estaba en orden. Luego seguí andando y lo demás, las aceras, las obras y los comercios, también seguía igual; jodidamente igual. Suele suceder con las ausencias que el mundo no se detiene a llorarlas, pero estos ojos han sido embalse y pantano, torrente y río, porque estos ojos se deben a mi vida y no al mundo. Llegué hasta la fuente y el agua manaba generosa y fría; cortaban la piel y los labios esa gota torpe prendida en la comisura izquierda de la boca, ese aire con complejo de cuchillo. Y era tan temprano que pareciera que habitaba una ciudad fantasma, una ciudad herida sin tu abrazo.
Te diría que después vino la urgencia de las burocracias a deshacer el hechizo y sus ficciones, que se impuso al recuerdo nostálgico y a la espera vana de escucharte pronunciar, entre todas tus palabras y todas nuestras llamadas, ese verbo que sacude a los amantes, ese que se vuelve acorde rendido y desesperado. Y sin dejarlo todo, si me lo hubieras dicho, no me habría detenido en tu puerta el tiempo suficiente para no levantar sospechas, para constatar que tus ventanas estaban cerradas y que, de toda la ciudad, tu ausencia sólo podía sentirla yo.
Hacía un frío del demonio la mañana que pasé por tu calle y volver al lugar del crimen tampoco pudo reconfortarme.
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Suena: Pasaba por aquí, Luis Eduardo Aute
Desde mi ventana: en el cielo de la noche se adivina alguna estrella y alguna luz en alguna casa.

domingo, 1 de enero de 2017

Anoche brindaste por los precipicios de alguien sin saberlo.


📷 Cliffs of Moher, Co. Clare, Ireland.
📍Para leer el poema completo: "Carta de amor".